Lola la tinerfeña saca del lavavajillas los vasos aún calientes y los va colocando en la enorme encimera de acero inoxidable.

Alrededor de la medianoche el madrileño entra en el bar, se abre paso ante una alborotada multitud y sigilosamente se cuela en la cocina. Lola siente un leve cosquilleo en la nariz y con su habitual sonrisa sigue sirviendo copas.

Voy a buscar más vasos - dice al cabo de un rato.

Cuando entra en la cocina su mirada se dirige a la encimera. Sobre ella, justo delante de los vasos, hay dos rayitas blancas y un cupón de la ONCE enrollado. Va a comenzar la ronda de alcohol, tabaco y cocaína de cada fin de semana.

Al amanecer, la tinerfeña, el madrileño y sus compinches llegan hasta una venta fuera de la ciudad. Lola busca impaciente el cuarto de baño; va a prepararse otra raya... Entonces, se mira en el espejo, y tiene una súbita certeza: Estoy embarazada, dice en silencio.

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Doce años después, Lola prepara el almuerzo de su hija en la cocina de su hogar. Saca los vasos del lavavajillas y recuerda aquel amanecer frío de enero y el lúcido momento en que tiró al inodoro su última raya.

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